¿Y si mañana NO pudieras correr tu próximo Ultra Trail?
ESCRITO POR:
MANU SANSEGUNDO ROMERO
No poder correr tu próximo ultra trail: por qué duele tanto y qué hacer con eso
Voy a arrancar fuerte con algo que en este mundo no se suele decir mucho, o por lo menos yo no lo escucho mucho: no dependas de las carreras de ultra trail para estar bien.
Ya sé dónde lo estoy escribiendo. Aquí estamos todos enchufadísimos con las pruebas, con los desafíos, con la próxima cita del calendario. Yo el primero.
Pero llevo entrenando corredores desde 2013, y lo que más me ha enseñado no han sido las metas cruzadas. Han sido los momentos en los que algo no sale: una lesión, una prueba cancelada, una recomendación nuestra de no tomar la salida. No poder correr tu carrera duele, y hasta ahí todo normal. El matiz está en cuánto duele y en qué te queda cuando pasa.
De eso va esto.
Todo lo que inviertes para preparar un ultra trail
Antes de hablar del golpe hay que entender por qué golpea tan fuerte.
Preparar una prueba de ultra distancia te pide cosas muy concretas. Tiempo: horas de entrenamiento que salen de algún sitio. Energía, porque los entrenamientos no son gratis y hay semanas en las que acabas fatigado y eso te resta luego en el trabajo.
También te pide relaciones. Muy posiblemente pases parte del año quitándole ratos a los amigos, a la familia o a otros proyectos que tenías por ahí.
Y logística y dinero. Vacaciones cogidas en función del calendario de carreras. Viajes, inscripciones, material.
Todo eso va creando poso. Meses enteros de decisiones pequeñas apuntando a un día concreto.
Cuando algo te pide tanto, la realidad es que ocupa mucho espacio dentro de ti. No es un defecto tuyo. Es que le has metido muchísimo.
La etiqueta de corredor de ultras
Y luego está la parte que sienta bien, que también hay que decirla.
Cruzar la meta de un ultra trail te da un chute de la leche. Te sientes capaz. Y te reconoces en algo que la mayoría de la gente no hace. Vete a un supermercado cualquiera y pregunta quién corre 100 km por montaña: lo mismo levantas la mano tú solo, o ni eso.
O sea, que estamos en un subsector del mundo un poquito raro. Alguien que se enchufa 10, 20 o 50 horas por la montaña lo mismo tiene algo dentro que se podría mirar. Me incluyo, ojo.
Así se va formando la etiqueta: soy corredor de ultras. Y engancha, te envenena un poquito.
Y con eso no hay ningún problema, que quede claro. Es un hobby, más exigente y más extremo que otros, pero un hobby. El matiz aparece cuando esa etiqueta deja de ser una parte de ti y pasa a ser lo único de lo que cuelga todo lo demás.
Qué pasa cuando la carrera se cae
En estos años he visto de todo, pero sobre todo he visto dos reacciones muy distintas ante el mismo hecho.
He visto a personas adultas venirse abajo del todo porque no podían tomar la salida. Una lesión, una cancelación, un imprevisto de casa. Y la reacción no iba con el tamaño del problema: era un derrumbe.
Y he visto lo contrario. Me he sentado a hablar con corredores para decirles, oye, mira, tal y como están las cosas mi recomendación es no hacer la prueba. Y la respuesta ha sido: "Ah, vale, sí, lo entiendo. ¿Cómo seguimos?".
No es que se alegraran. Nadie se alegra de perderse algo que llevaba meses preparando. Es que su vida no colgaba de ese dorsal.
Esa gente sigue queriendo entrenar, sigue queriendo desafiarse, sigue queriendo crecer. Lo que pasa es que tiene más sitios donde apoyarse.
El duelo es normal; la dependencia es otra cosa
Aquí conviene separar dos cosas que se mezclan mucho.
Cuando pierdes algo que te importa, pasas un duelo. Y no hablo solo de perder a una persona: perder un objetivo que te daba estructura, ilusión y bienestar también se llora. Eso es sano y es esperable.
Lo que a mí me suena a alarma, y una alarma grandecita, es otra cosa: cuando el duelo no tiene fondo y no hay a dónde ir después.
Y hablo de corredores populares, ojo. Si compites a nivel profesional y de esos resultados depende tu trabajo, esa es otra conversación y se merece su propio artículo. Pero cuando corres por superarte, por salud, por pasártelo bien y por ordenar la cabeza, que la vida entera se tambalee por una prueba es, para mí, una señal de cómo está el equilibrio general.
No es un juicio. Es lo que he visto unas cuantas veces.
Cuando la carrera sostiene un peso que no le toca
Voy a entrar aquí con cuidado, porque no vengo a señalar a nadie.
Todos, en mayor o menor medida, pasamos de vez en cuando por algún evento complejo que cuesta afrontar. Y todos hemos tirado alguna vez de algo de fuera para no mirar de frente lo de dentro. Es humano y se entiende.
Dicho esto: cuando el desmoronamiento es muy grande, lo mismo la carrera está aguantando un peso que no le corresponde. Y entonces no es la prueba lo que se te ha caído; es lo que la prueba tapaba, que ha quedado a la vista.
Y ahí, sinceramente, ya no me toca a mí. Si te reconoces en esto, hablarlo con un psicólogo deportivo o con un profesional de la salud mental te va a hacer mucho más que cualquier plan de entrenamiento que podamos escribirte nosotros.
Apego cero no significa que te dé igual
Hay una lectura fácil de todo esto que quiero desactivar antes de seguir: que lo maduro es correr con desgana, sin ilusionarte con nada.
Para nada.
Entrenamos a gente de más de 60 años que sigue con el mismo brillo en los ojos que los chavales de 25. Se emocionan con una carrera concreta. La marcan en el calendario. La preparan con mimo.
La diferencia no está en la ilusión, que esa la tienen intacta. Está en que si mañana se cae la prueba, les queda vida por todos lados.
Puedes desear muchísimo una carrera y a la vez tener una vida que no se derrumba si esa carrera no llega. Las dos cosas conviven perfectamente.
Qué cultivar fuera del ultra trail
No sé qué te gusta a ti, la verdad. No sé si es el cine, la cocina, la música, escribir, viajar con los tuyos a sitios donde no haya un dorsal de por medio, o simplemente ver más a la gente que te importa.
Eso lo sabes tú mejor que yo.
Lo que sí te puedo dar es una pregunta para medirlo. Imagina que mañana te dicen que no puedes correr en seis meses. Ni entrenar, ni competir.
¿Qué te queda?
Si la respuesta te sale rápida y tiene varios nombres, vas bien. Si te cuesta encontrar algo, ahí tienes trabajo. Y es un trabajo que se hace ahora, mientras todo va bien, no el día que llega el parte médico.
Que el brillo no dependa de un dorsal
Si preparas ultra trail, implícate. Disfruta el proceso. Ilusiónate con esa carrera que llevas mirando desde enero.
Ojalá no te toque nunca uno de estos imprevistos. Pero si te toca, que el golpe sea el de perderte una carrera y no el de quedarte sin nada.
Que no perdamos el brillo en los ojos, que eso no nos lo quiten. Pero que aprendamos a que nos brillen por unas cuantas cosas más.
Nos vemos por las cimas.
Manu
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